Diego Ventaja Milán, el Pastor que dio su vida por sus ovejas

30 de agosto de 1936. El calor insoportable, el hacinamiento y la falta de ventilación del barco prisión “Astoy Mendi” atracado en el puerto de Almería impedían conciliar el sueño. Tras irrumpir con gritos y leer una lista, unos veinte hombres fueron introducidos en una camioneta obedeciendo las órdenes del jefe de comité de presos. Alrededor de las 3 de la mañana salieron de Almería. El “paseo” tenía destino: el barranco del Chisme, en Vícar.

Entre los presos se encontraba el que apenas un año antes había sido designado Obispo de Almería por el Papa Pio XI: Diego Ventaja Milán. Nacido en Ohanes el 22 de junio de 1880, era hijo de una familia humilde: su padre era fragüero y su madre ama de casa. El pequeño Diego siempre destacó por su gran inteligencia y simpatía. Era un niño muy despierto en el que sus maestros se habían fijado. Sus padres querían ofrecerle lo mejor y vendieron lo poco tenían para irse a Granada y darle estudios a su único hijo.

La llegada a Granada fue muy complicada. El trabajo no terminaba de llegar. “Durante dos meses pedí limosna con mi madre en la puerta de la Catedral de Granada”, dijo el día de su entrada como Obispo de Almería recordando esos momentos de sacrificio de sus padres.

Diego Ventaja Milán siempre quiso ser sacerdote. Desde 1888 hasta 1894 estudió en el Colegio de la Abadía del Sacromonte. Sus excelentes notas y su buen comportamiento le hicieron acreedor de una beca con la que se costeaba los estudios. En 1894 es enviado a Roma, encargándose de pagar todos sus estudios eclesiásticos el Colegio de la Abadía del Sacromonte. Instalado en Roma, queda impresionado por la belleza de la ciudad y muy pronto se adapta y le encanta su nueva vida en el Colegio Español de San José. Alumno de la Universidad Gregoriana, es ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1902 y, tras ocho años en la ciudad eterna, regresa a España.

En la Abadía del Sacromonte será profesor y Canónigo de su Cabildo hasta 1917. Colaboró en las Escuelas del Ave María, dirigiendo las mismas tras la muerte de su fundador Andrés Manjón. Finalmente, el día 1 de mayo de 1935, Pío XI promueve a Diego Ventaja Milán a la sede de Almería.

Sus homilías atrajeron desde un principio a sus fieles por su brevedad, su cultura y su claridad. “Es un hombre de Dios, un santo”, salían diciendo quienes le escuchaban. La humildad de Don Diego, que era como le conocían todos, fue constante en su vida. El que fuera párroco de Chirivel en 1935, Francisco Sánchez Egea, da testimonio de ello. Cuenta que, tras visitar la parroquia, después de los actos con los fieles, Don Diego dedicaba un tiempo a estar a solas con el cura y a preguntarle por cómo se encontraba en todos los aspectos. Tras repasar los libros sacramentales del archivo, se arrodilló en el suelo para firmarlos, ante lo que Francisco Sánchez Egea espetó: “Pero, ¿qué hace, señor Obispo?” Y él le respondió: “yo el trabajo de mis curas lo firmo de rodillas”.

Hombre de absoluta confianza en Dios, dejó escrito: “No escuchéis la voz del mundo, sino la voz de Jesús que calma las tempestades, sana todas las enfermedades, alivia los dolores, aleja todo el mal, multiplica las cosas buenas, disipa los errores, ilumina todos los caminos, y conduce al cielo”.

Colocados en fila los presos sobre el borde del barranco del Chisme, el Obispo de Almería pidió permiso para hablar. Dijo que no había hecho nada para que lo matasen, pero que a pesar de eso los perdonaba a todos, para que Dios lo perdonara a él y que fuese su sangre la última que se derramara. Tan sólo un mes antes unos ciudadanos británicos le ofrecieron dejar la ciudad en un buque de guerra  y Don Diego se negó diciéndoles: “El Pastor debe estar con sus ovejas”. (“Yo soy el Buen Pastor, que da su vida por las ovejas” (Jn 10, 11).

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